Bitacora Arte Mixto

Paciencia en el lienzo: Por qué mi primera obra en capas me tomó dos meses y no dos tardes

No hay una respuesta segura sobre cuánto debería tardar un cuadro en estar listo, y después de terminar mi primera pieza de técnica mixta —acuarela, gesso y pintura acrílica, sin que yo supiera bien en qué orden iban las capas— sé incluso menos que antes. Lo que sí tengo claro es que terminé comparando dos maneras de llegar al mismo cuadro: una que quería todo listo para ayer, como quien despacha un pedido en la bodega antes de que cierre el camión, y otra que se tomó dos meses sin pedirme permiso. Esta es esa comparación, pensada para quien apenas empieza en el arte y todavía no sabe cuál de las dos maneras le conviene más.

Antes de seguir, el aviso de siempre: en este rincón hay enlaces afiliados, y si deciden comprar algún curso siguiendo lo que cuento aquí, me llega una comisión pequeña que ayuda a mantener esto, sin que a ustedes les salga más caro. Solo hablo de lo que de verdad he abierto en mi mesa o lo que he visto completo, mientras el gato intenta meterse entre el pincel y el papel.

¿Dos tardes o dos meses para la misma pieza de técnica mixta?

Mi primer plan fue tratar la técnica mixta como una tarea más de las que manejo entre facturas: pones una capa, pones la otra encima, y a correr. Pensé que una pieza con acuarela, gesso y acrílico se podía despachar en dos tardes largas. Lo que no calculé es que cada medio tiene su propio reloj interno, y que ir capa por capa no es lo mismo que resolver algo de una sola vez. El papel grueso que usé se tomó su tiempo para soltar el agua, el gesso pidió su propia pausa más adelante, y el acrílico, aunque se sintiera seco por encima, seguía moviéndose por debajo mucho después de lo que yo hubiera querido. Fue justo en esa primera frustración que terminé abriendo el Curso de Pintura Tecnica Mixta que tenía guardado desde hacía rato, más por curiosidad que por plan serio.

Aguada de acuarela azul absorbida de forma distinta en las esquinas de un papel grueso de técnica mixta

Con esa primera aguada azul me di cuenta de algo que no esperaba: las esquinas del papel se bebieron el color distinto a como lo hizo el centro, más sedientas, y en vez de corregirlo con otra pasada decidí dejarlo tal cual. Ese desnivel de color, mirado ahora, es de las partes del cuadro que más me gustan.

Una vecina que anda metida en la fotografía callejera por el centro, cerca del Mercado Minorista, me lo hizo ver sin querer: ella llega a la casa con la foto ya lista en la cámara, mientras mi pieza seguía ahí, a medio camino, secándose sobre la mesa. Verla trabajar así, de una sola pasada, fue lo que me hizo entender que no todas las técnicas se miden con la misma vara, y que comparar pintura con fotografía es casi injusto.

Lo que gana la prisa, y lo que pierde

La prisa sí tiene su lugar: cuando lo que quiero es probar una mezcla de color antes de comprometerme con la pieza grande, o calentar la mano un rato antes de sentarme en serio, ahí vale la pena tirar capas rápido sin que me importe mucho el resultado. El problema aparece cuando le aplico esa misma lógica a una pieza que sí va para la pared. Aprendí, por las malas, que mezclar el médium directamente en la paleta, sin aflojarlo antes con algo de agua, no sirve de mucho: queda una pasta que ni se extiende bien ni deja ver nada de la capa de abajo, y toca empezar esa zona de cero. Ahí entendí también que no cualquier papel ni cualquier soporte aguantan varias capas de agua sin arrugarse, y que el más barato de la tienda casi nunca es el que resiste. Sellar el papel de acuarela antes de meterle acrílico encima es de esos pasos que se sienten como perder tiempo, hasta que uno no lo hace y el papel se ondula sin remedio.

Capas que piden tiempo, capas que no

El gesso fue la capa que más me enseñó a esperar. Lo abrí un sábado con el ventilador prendido porque el cuarto estaba pesado, y ese olor denso, un poco húmedo, se me quedó pegado a la nariz el resto de la tarde. Ese gesso, que lleva algo de carbonato de calcio, se portó distinto a lo que yo esperaba, y confundirlo con la pasta para modelar es de los errores más comunes de quien recién empieza: el gesso se queda plano, la pasta levanta volumen, y usar uno por el otro cambia todo el resultado de la textura final.

Capa de gesso blanco aplicada sobre una base de acuarela y acrílico en una pieza de técnica mixta

Con el papel me pasó algo que conté aparte, el momento en que el papel dejó de darme miedo, y después de eso el gesso dejó de parecerme un riesgo y empezó a parecerme una herramienta más. Encima de esa capa fui poniendo el acrílico, nunca al revés, porque poner acrílico cuando la acuarela de abajo todavía tiene agua suelta por ahí es la manera más segura de perder el color que tanto me costó conseguir. La transparencia, ya puestos en eso, se juega distinto a como uno cree al principio: no es solo aguar la pintura, es dejar que cada capa deje ver algo de la de abajo sin que las dos se revuelvan.

Grietas finas tipo telaraña en una capa de pintura acrílica secada demasiado rápido en una pieza de técnica mixta

Cuando una capa se seca por fuera antes que por dentro, porque el afán no deja que el agua salga a su ritmo, quedan esas grietas finitas, como telaraña, que ya no se pueden deshacer con nada, y esa es otra de las razones por las que ya no le meto prisa a una pieza que de verdad me importa.

Para la armonía entre colores de distintos medios, lo que a mí me funciona es mirar el cuadro completo bajo la misma luz antes de decidir si un tono entra o no, en vez de confiar en cómo se ve el pote de pintura solo sobre la mesa. La espátula entra cuando quiero empastar y que se note el gesto de la mano; el pincel, cuando necesito control fino en un borde, así que ninguna de las dos herramientas gana siempre, depende de qué parte del cuadro esté resolviendo en ese momento. Cuando quise guardar unos blancos pequeños para que brillaran al final, fue ahí donde probé cómo aplicar líquido de reserva, aunque esa es una historia más larga que dejo para otro día.

Hay técnicas de esto que todavía miro de lejos, más por curiosidad que por plan real: sé que hay quien mete tinta china encima de un acrílico ya curado del todo, quien pega retazos de tela sobre un soporte rígido antes de pintar encima, o quien usa pan de oro para que una esquina del paisaje brille distinto al resto. Una compañera del curso mezclaba arena con la pintura para que ciertas zonas del lienzo quedaran con una textura más orgánica, casi de piedra, y yo la miraba pensando que a mí me faltaba soltura todavía para eso. Lo que sí tengo es un rincón fijo para pintar en la casa, nada que se parezca a un estudio de revista, y con eso me ha bastado hasta ahora.

Decidir entre la prisa y la espera

Con el tiempo armé una regla simple para mí misma. Si lo que necesito es soltar la cabeza después de un día pesado resolviendo pedidos y facturas, no importa cuánto tarde la pieza, porque el rato frente al papel ya cumplió su parte aunque el cuadro se quede a medio camino otra semana más. Pintar, en esos días, es de las pocas cosas que de verdad me baja las revoluciones, sin que lo busque como otra cosa que eso. Pero si quiero una pieza que de verdad aguante colgada en una pared, entonces no hay afán que valga: hay que dejar que cada capa haga lo que tiene que hacer, en el orden que le toca.

Mano relajada sosteniendo un pincel de abanico para mezclar colores acrílicos en una pieza de técnica mixta

Sentir que la rigidez de mis dedos, esos que pasan horas tecleando códigos de tornillos y arandelas, se soltaba al sostener el mango de un pincel de abanico, fue de las recompensas más raras y más buenas de todo esto. La pieza que más tiempo me tomó terminó con una mano de barniz que le dio brillo a todas esas capas superpuestas: la acuarela tímida de abajo, el gesso de en medio, el acrílico más pastoso encima.

Obra terminada en técnica mixta con varias capas de acuarela, gesso y acrílico selladas con barniz

Si me cansa tanto pincel y tanta espera, a veces miro de reojo el curso de Arte - Hecho en Plastilina, que no tiene nada que ver con capas que piden semanas, sino con algo que se modela y se ve terminado el mismo rato, aunque sea un medio completamente distinto al mío. Pero para quien de verdad quiere meterse en esto de pintar por capas y entender por qué cada una pide su propio tiempo, sigo recomendando el Curso de Pintura Tecnica Mixta; no promete terminar rápido, de hecho es casi lo contrario, pero ayuda a entender qué va primero y por qué no conviene saltarse ningún paso. El valor exacto y lo que trae cada módulo se ve mejor directo en la página del curso, que cambia de cuando en cuando.

El gato acaba de meter la pata en el frasco de agua sucia, otra vez, y la radio de la cocina sigue sonando bajito. Todavía no sé cuánto va a tardar la próxima pieza, pero ya no me preocupa tanto esa pregunta.

Artículos relacionados